Estimados/as compatriotas,
queridos/as amigos/as de Cuba
Estamos llegando a las páginas
finales de 2025, en breve estaremos celebrando el 67º Aniversario del triunfo
de la Revolución Cubana. Un proceso que por derecho propio se ha convertido en
faro y guía para los oprimidos del mundo, y los pueblos de diversos continentes
la han erigido como ejemplo imperecedero de que un mundo más justo es posible:
es vital para la preservación de la vida en el planeta, construir un mundo de
los humildes, por los humildes y para los humildes.
Nuestra Revolución y sus conquistas son el fruto del esfuerzo, del sacrificio, del trabajo abnegado, de la creatividad sin límites, de la perseverancia “terca” de todo un pueblo a ser dueño único de su presente y su futuro.
Somos conscientes que la mirada
hacia Cuba nunca es simple. Allá persisten las duras consecuencias del criminal
bloqueo económico y la presión de una amenaza imperialista como mecanismos que
buscan quebrar la voluntad y destruir los derechos de todo un pueblo.
Aun cuando nosotros estamos lejos
de nuestro lugar de origen y andado por diversas geografías, no hemos perdido
nuestra identidad; sino que la hemos moldeado a nuestra nueva residencia_ como
expresó el Dr. Fernando Ortiz, el pueblo cubano es como un ajiaco: una mezcla
en permanente elaboración. Esa imagen recuerda que lo cubano se define por
sumar sin sustituir, por incorporar nuevos aportes sin renunciar a la raíz que
nos sostiene. Quien hace lo contrario, traiciona.
Por ello nos aferramos a lo que Ortiz definió
con maestría, de que la cubanidad es la condición genérica de cubano y la
conformación de nuestras costumbres; mientras que la cubanía es la plena
voluntad, consciente, de representar con dignidad y honor todo el legado
histórico heredado, defender nuestras raíces identitarias sin diluirlas ni
deslumbrarse en lo foráneo. Es no claudicar en principios ni rebajarse a la
sumisión. Es defender a Cuba y su histórica Revolución, la cual comenzó con el
alzamiento de La Demajagüa y hoy continúa en ardua batalla contra el mayor enemigo
de los pueblos: el imperialismo.
No somos un pueblo marcado por
la derrota; somos un pueblo que aprendió a moverse bajo tensión, a resistir con
dignidad, a seguir creando incluso en las condiciones más duras. Esa resistencia
también viaja con nosotros, sin importar uno o mil océanos de por medio.
Nuestro corazón permanece en nuestra amada Patria, recorriéndola y sintiendo
como propias todas las dificultades que nuestro pueblo padece. Desde aquí
llevamos el férreo compromiso de darle a ella la cuota de aporte que nos
corresponde, desde nuestras posibilidades.
En estas fechas, el corazón hace
lo suyo. Una parte celebra aquí, con la gente que nos ha acompañado en esta
etapa, también nuevos familiares y un ejército de amigas y amigos de la
solidaridad; la otra parte piensa en Cuba, en la familia que espera una
llamada, en los afectos que siguen siendo brújula. Esa nostalgia, aunque duele,
nos conecta. Es una forma de recordar de dónde venimos y porqué seguimos
adelante alzando nuestra bandera cubanísima: la de la estrella solitaria,
independiente y soberana, de sólida ética de solidaridad internacionalista.
Por eso, el fin de año invita a
mirar con calma lo recorrido y a pensar en lo que viene, en los propósitos que nos
trazamos; porque no detenemos la marcha, seguimos construyendo, seguimos siendo
parte de ese ajiaco que siempre batalla por la esperanza de un mejor mañana.
Les reiteramos que no cejaremos
en nuestro empeño como no lo hace nuestro pueblo, y seguiremos aportando
nuestro modesto esfuerzo desde esta trinchera que asumimos, también, como
necesaria.
A todos les deseamos un feliz
fin de año 2025 y les exhortamos a que en el 2026 nos encontremos con lazos más
fuertes, en este ajiaco diverso que nunca deja de cocer.
“La tarea es difícil; pero sirve
de garantía a lo que falta por hacer, lo que con esa alma prudente y cordial
hemos hecho...” (José Martí. EJM.
IV:118)
ASOCIACIÓN DE CUBANOS EN
CATALUÑA JOSÉ MARTÍ

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